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    Donde estás, Hermano Mayor

    Domingo en la mañana. A seguir la rutina mañanera sin importar si es fin de semana. Comprar el periódico para buscar trabajo (“¡Tienes que conseguir trabajo para que te consiga una enfermerita promiscua y la lleves al Starbucks!”, @Vedda dixit). Enojarme porque el único trabajo relativo a mi carrera requiere un año o más de experiencia. Mandar todo al diablo y leer los RSS pendientes. Twittear. Escuchar música al azar. Registrarme en una bolsa de trabajo en línea y buscar UN empleo que me cuadre. Pasar el resto del día en 4chan (o algo). Lavar y repetir, repetir hasta tener trabajo preferentemente.

    Hoy da la casualidad de que mientras enviaba mi Currículo del día escuchaba esta canción. Una neurona de mi cerebro se conectó con la otra en mi cabeza y dos cosas milagrosas ocurrieron. La primera es que, por puro porcentaje, eso significó que la mitad de mi cerebro estaba trabajando, LOL. La segunda es que recordé esta reseña del documental “Vivimos en público”, que analiza la voluntaria pérdida de la privacidad gracias a internet.

    A grandes rasgos, el documental critica la existencia del gen reality’, ese gusanito en el psiqué del ser humano que pide a gritos que todos sepan lo que hace durante cada segundo de su vida. El gen camwhore, valga la redundancia.

    Y mientras llenaba mi enésimo curriculum en línea me pasó por la cabeza la triste idea de que ya no perdemos la privacidad por querer atención.

    • En los 90’s, supongo que si era así. En una década tan dolorosamente colorida (vean la película “Spice World” de las Spice Girls y no tendrán agallas para negarlo) la única manera de llamar la atención en esa década eran ser testigo ocular del Chupacabras o vivir en una caja de cristal.
    • En la década de los ‘00, las reglas del juego cambiaron rápido. Los atentados terroristas nos llevaron a un estado de vigilancia por miedo basado en toda la tecnología que sabíamos usar. La premisa de la década pasada fue perder la privacidad para ganar la paz, sin importar si sirve o no.

    En la década de los ‘10, ya no se trata de querer o poder. El ser humano pierde su privacidad por necesidad. Después de todo, el efecto Long Tail hace innecesario que todos te conozcan para ser famoso.

    Insisto, esto ya no se trata de querer o poder. Es que ya no sabemos como vivir en privado. Dos décadas autoexponiéndonos nos han hecho depender de la no-privacidad. Ya no nos vemos a nosotros mismos comiendo a solas o viajando a solas o viendo una serie de TV a solas. Tenemos que tener a huevo una red social para cada cosa o nos implota la cabeza pensando en que nadie lo sabrá.

    Pero bueno, a que reniego. Voy y vengo, que tengo que subir mi Currículo para que todos lo puedan ver. Al diablo con la privacidad de mis datos personales y experiencia de trabajo, necesito ese empleo y lo necesito ya.

    Lo único que me calma es saber que de todos modos nadie lo va a leer xD

  2. Notas

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      "La opinión pública es la peor de las opiniones." -Chamfort (1741-1794), académico francés.
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